Arte y Cultura, Teatro

Amantes, según pasan los años

Año a año. Los amantes de la obra de Slade se reencuentran en el mismo lugar a la misma hora, durante tres décadas.
Año a año. Los amantes de la obra de Slade se reencuentran en el mismo lugar a la misma hora, durante tres décadas.

Se presenta como una duda: ¿es una historia de amor o una historia de amantes? Clásico teatral de Bernard Slade, El año que viene a la misma hora cuenta la historia de dos amantes ocasionales que prometen reencontrarse durante 30 años en el mismo lugar, a la misma hora, una vez por año. Ahora, adaptada para lucimiento de Julieta Díaz y Adrián Suar, llegará este verano a Mar del Plata.

Con adaptación de Marcos Carnevale y Lily Ann Martin, la obra se presentará en el renovado Teatro Roxy -San Luis 1750- los viernes y domingos a las 21, y sábados a las 21 y 23:30 desde la primera semana de enero. La dirección corre por cuenta del propio Carnevale, habitual colaborador de Pol-Ka, la productora de Suar, y director de películas como Elsa y Fred o la más reciente Anita.

Seguramente muchos recordarán El año que viene a la misma hora por su versión cinematográfica de 1979 dirigida por el reconocido Robert Mulligan, con dos protagonistas de excepción: Alan Alda y Ellen Burstyn. Aquí, convenientemente modificada, la pareja se encuentra anualmente en un hotel de Chapadmalal.

Como en el film, Juan (Suar) y Doris (Díaz) se reencuentran en el mismo lugar y a la misma hora, y lo que importa es observar cómo se va modificando cada personalidad a través del paso de los años. Las circunstancias que les tocan vivir, para reír o para llorar, tendrán la voluntad de demostrar cómo, de alguna forma, la rutina no deja de estar emparentada con el amor, en la forma que sea.

Lo interesante aquí pasa también por cómo esos cambios se van dando sobre el escenario. Pasan tres décadas, y eso se debe notar en los personajes: por eso los cambios de diseño en el vestuario, las modificaciones en el maquillaje. Además de lo dramático, una proeza formal para hacer creíbles estas situaciones.

En eso ayudan el diseño de vestuario de Pablo Ramírez y la escenografía de Jorge Ferrari, además de la iluminación de Omar Possemato. Todo confluye, incluso la música del talentoso Iván Wyszogrod, para construir un producto cuidado desde la producción: pero hay más y tiene que ver con la emoción. Una obra de amantes como los de antes.

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