Básquet, Deportes

A un pasito

Marcos Mata
Marcos Mata vuela hacia el aro. El alero aportó nueve rebotes defensivos. (Foto: El Atlántico).

De punta a punta. Notablemente superior a su rival. Con gran ímpetu colectivo, tanto en defensa como ataque, Peñarol aplastó a Quimsa de Santiago del Estero por 87 a 58 y quedó a un pasito de consagrarse bicampeón de la Liga de las Américas. A base de un gran juego y sacando provecho de la magra noche del equipo de Carlos Romano, que en ningún momento mostró señales de recuperación, el Milrayitas quedó a un pasito, a 24 horas de un nuevo título continental. Igualmente nada está dicho porque resta una fecha. Pero…

Y como había declarado el Negro Romano en la previa, el partido iba a estar sobrecargado de nerviosismo, de tiros erráticos, de malas decisiones. Y en parte no falló. Porque sus jugadores no estuvieron efectivos como en la noche anterior cuando en un gran espectáculo derrotaron a Halcones de México. Pero el que si estuvo certero y compacto fue Peñarol. Con Sebastián Rodríguez muy fino desde la base (8 puntos) y con Kyle Lamonte como ayuda (5), el local hizo pie en el comienzo del primer cuarto y enseguida sacó una luz de ventaja en el resultado: 19 a 5. Sin embargo, con poquito, los santiagueños achicaron márgenes con un doble y triple de Julio Mázzaro (5) para terminar el segmento inicial 19 a 10 a favor de los marplatenses.

En el siguiente parcial se empezó a ver al equipo de Sergio Hernández más consistente en todos los sectores de la cancha. Presionando a Román González (hasta ahí casi nula su participación) y tapando las salidas de Muruaga y Mázzaro, el dueño de casa fue aumentando la diferencia. Apareció Leo Gutiérrez con dos triples (6 unidades), el escolta norteamericano siguió movedizo (5) y entró en escena Alejandro Diez para ayudar desde la zona pintada (5). En este marco, y ante el muy bajo porcentaje de tiros de cancha de la visita, el tanteador marcó 44 a 25 para Peña al final del primer tiempo.

Al inicio del complemento la jornada siguió oscura para Quimsa. Sin poder encontrarle la vuelta de tuerca a la situación, solo el base y escolta le dieron rédito, el Milrayitas aprovechó y agrandó la ventaja. Producto de dos lanzamientos exteriores de Facundo Campazzo (6 puntos), de la excelencia de Tato en la zona de libres (8/8) y de los aportes de quien entrara a la cancha, el club de la calle Garay sacó la máxima (69 a 37).

En el último cuarto, ya casi definida la cuestión, Peñarol buscó rotar la pelota, evitar el cansancio de cara al partido de este sábado contra Halcones de México. Por eso, desde el banco vinieron buenas actuaciones. Las penetraciones de Sebastián Vega (7 unidades), los buenos trabajos bajo el aro de Alejandro Reinick y Diez y hasta el lujo de un alley-oop en manos de Lamonte para el estallido del Polideportivo.

Supremacía total de un equipo que lució sin inconvenientes. Porque el enorme Martín Leiva, clausurando los movimientos de Román González y hasta dándose el lujo de terminar con un 50% en simples (3/6), algo más que meritorio para su escasa efectividad, fue la figura tapada (a pesar de sus tres puntitos) dentro de un team que se complementó muy bien durante toda la noche. Con ráfagas de Lamonte, de Gutiérrez y hasta de Campazzo, el público Milrayitas gozó y festejó a la par de sus jugadores que pintan para ser campeones otra vez. Pero claro, nada está dicho, solo resta un partido. Aunque…quedó a un pasito.

Síntesis

Peñarol_87

Sebastián Rodríguez 19, Kyle Lamonte 19, Marcos Mata 5, Leonardo Gutiérrez11 y Martín Leiva 3 (FI); Facundo Campazzo 10, Sebastián Vega 9, Alejandro Reinick 4, Alejandro Diez 7 y Alejo Sánchez 0.

DT: Sergio Hernández.

Quimsa de Santiago del Estero_58

José Muruaga 8, Julio Mázzaro 18, Albert White Jr 7, Dionisio Gómez 7 (x) y Román González 5 (FI); Juan Martín Orellano 0, Pablo Gil 0, Damián Tintorelli5, Henry Dobie 1 y Bruno Ingratta 7.

DT: Carlos Romano.

Parciales: 19-10/ 44-25/ 69-39 y 87-58.

Arbitros: Reynaldo Mercedes (DOM), Steve Seibel (CAN) y Héctor Uslenghi (URU).

Estadio: Polideportivo Islas Malvinas, de Mar del Plata.

Por Maxi Ibáñez

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