Deportes, Fútbol

A River le va a pesar la salida de Passarella

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No habrá ni defraudación ni decepción, por la gestión de las flamantes autoridades del Club Atlético River Plate. En realidad está quedando demostrado que fueron, son y serán parte de los grandes problemas de la institución, y nunca de la solución.

Todo el futbol argentino no depende de las autoridades que eligen los socios, iluminados o equivocados, según los casos. El gobierno nacional tiene intervenida a la AFA, de hecho y de derecho. Por ende y aplicando un carácter transitivo los clubes han perdido autonomía y son dependientes económicamente. Si a River no se lo explica en la totalidad de su dimensión, no habrá soluciones, porque se estará atacando con dosis homeopáticas, una enfermedad terminal.

Desde el gobierno nacional, la AFA, los barrasbrava y Futbolistas Argentinos Agremiados, van dejando sin respuestas a las autoridades de los clubes. Este es el sistema, esta es la Argentina. Es una situación asfixiante, que como una red va cubriendo el rumbo de las decisiones y vinculando a unas con otras. Si en este contexto agregamos malas decisiones, errores y déficit de gestión, estamos ante un contexto híper complicado, que tarde o temprano terminará arrastrando a todos.

Todos los clubes (salvo raras excepciones) sufren el mismo mal de River, no es exclusividad del club. Pero así como recibe más recursos por diversos conceptos, está sobredimensionado en su dimensión estructural. El futbol es parte de River. Tampoco es fácil concretar ventas extraordinarias o pretender salvarse con un pase. Es mucho más complejo y tal vez se necesiten décadas para modificar este cuadro de situación, que en realidad comenzó con los clubes denominados chicos, pero que fueron adecuando sus estructuras adecuada y planificadamente con el correr de los años.

Cuando se administran pasión y sentimientos, hay decisiones que la razón no entiende, y mucho más cuando median la irresponsabilidad, la demagogia y el populismo cuando se celebran elecciones. No comparto y disiento con el actual manejo del club, lo hago sólo en función de mi condición de hincha de 62 años de vida. River así, con este rumbo, no tiene remedio.

Realmente ha sido muy doloroso observar cómo dejó River Plate, uno de los ídolos más grandes de todos los tiempos. Ni Alonso ni Francescoli ni Ortega (ni hablar de Cavenaghi) dejaron tan alto el nombre de River como Daniel Alberto Passarella, ninguno de ellos se comprometió con el club como lo hizo Passarella. Hay mucha desinformación y falta de conocimiento, sobre mucho de lo que ha ocurrido en River, en especial en el último medio año, que desembocó en las elecciones donde también él jugó cartas políticas, pero no ligó.

¿Por qué todo terminó así? Porque la política (partidaria y deportiva)  no le perdonó nunca a Passarella haber ganado las elecciones en el 2009. River es una institución que se busca para trascender, y hasta se puede perseguir como objetivo, satisfacer aspectos de cholulismo y hasta de egos. Passarella tuvo un estilo de conducción, una cuestión de principios que nunca resignó, aún a pesar de saber que lo estaba perjudicando personalmente.

Como presidente de River (no antes curiosamente) recibió afrentas, provocaciones, difamaciones, ataques verbales, acusaciones impropias y hasta ataques personales. Passarella fue víctima de una campaña alevosa, de la que formaron parte muchos periodistas, que usaron los medios donde trabajan, sus programas, sus publicaciones para descargar revanchismo, y otras cuestiones profesionales y personales, hasta en los programas partidarios, que en realidad perjudicaron al club.

 No fue libertad de prensa y/o de expresión, fueron ataques deliberados, y en muchos casos derivados de los  pautas dependientes, con informaciones tendenciosas, inexactas y cargadas de intencionalidad política. El único plan concebido entre las actuales autoridades de River y gran parte de periodistas (de los cuales excluyo especialmente a Diego Bonadeo, Javier Gil Navarro, Juan Cortese y Enrique Wolf), fue apostar a la no reelección de Passarella.

Hubo una clara campaña de demonización del ex presidente, fueron golpes arteros, que se movieron con una estrategia que resultó eficaz para su suerte, se utilizaron hasta los programas de chimentos artísticos, no dejaron hueco por cubrir.

 Las fuentes (porque Passarella no transó y entregó ese espacio informativo) siempre fueron destructivas desde las sombras. La oposición fue una cantera que acopió material, que en definitiva perjudicó a River, porque ahora tiene la bomba en sus manos y ahí les terminará explotando. Mientras a Trezeguet lo consagran en Juventus, con una gran demostración, la dirigencia trae a Cavenaghi que se fue por bajos rendimientos y volvió en condición de libre.

 Cuando Cavenaghi dice este es mi lugar en el mundo debería decir “este es el único club del mundo donde puedo cobrar un paquete de plata, si hago un gol después veremos”, son más sinceros De Michelis, Saviola, Aymar, D´Alessandro, etc. que no vienen porque juegan champions, están en Europa y en Brasil. ¿Qué ganas pueden tener en retornar a este país? Pero no, los hacen aparecer como distanciados de Passarella. El presidente saliente, además de toda su experiencia como jugador y técnico, se preparó con Platini, Zoff, Beckembauer, etc. para acceder a la conducción de la entidad.

Finalmente el verdadero hincha de River, el que acompaña con una pasión razonable, con análisis, con conocimiento e interpreta cuáles son los intereses políticos, personales y económicos, QUE EXCEDEN A RIVER, tiene que dejar de ser usado en el momento de votar. Ahora restan cuatro años, pero el escepticismo me desborda. La actual dirigencia forma parte del problema de River, contribuyó a su endeudamiento y articuló una campaña cuya única consigna era VOLTEAR A PASSARELLA, después vemos que hacemos, de expresiones de deseos como las que estoy escuchando ya me tiene harto la política. No quiero más de lo mismo.

Si deportivamente (como estimo va a ocurrir) los resultados no se revierten Ramón Díaz (un error político de Passarella apremiado por el voto de los “Hinchas”) ya tiene el boleto picado, porque son los jugadores los que no lo quieren. ¿Quién va a arreglar el vestuario ahora, Menseguez, el “Malevo” Ferreyra y Cavenaghi? ¿Los amigos de Emiliano?

Hay que agradecerle a Passarella, que haya evitado los actos de provocación que lo aguardaban en la ceremonia de traspaso de mando, donde hubo fuerzas de choque dispuestas a desatar desmanes y violencia, era la foto que les hacía falta. Ahora se quedaron sin ella. Passarella fue, es y será, un verdadero ídolo de River al que la política no le perdonó haber llegado al cotizado sillón presidencial, al que muchos llegan por cholulos, por tener dinero para comprar cargos o porque dicen poseer el riverrómetro, que los hace más hinchas que cualquiera, una gran mentira que además sirve para vender humo. Por si acaso y si las cosas salen mal, por ahora tendrán el recurso de echarle la culpa a Passarella, pero que le avisen a Cavenaghi que la campaña electoral ya terminó, y que cuando Almeyda prescindió de sus servicios, tuvo sus sobradas razones.

 Jorge Elías Gómez

jgomez@mdphoy.com

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