Jorge Elias Gomez, Opinión

A jugar con Passarella, con prudencia, reflexión y autocrítica

Dibujo

Nunca se vota para atrás ni nadie se muere en las vísperas. Tres mil personas son un número importante, en el universo útil del padrón de socios habilitados para votar. Fue una demostración más que significativa el encuentro de Costa Salguero, pero sobre todo, calificada. Por ello adquiere una importancia especial, haber instalado una referencia, cuya iniciativa debe ser muy valorada por todo el mundo River. Cuál es la tracción que representan 3.000 personas dispuestas a militar un voto útil de consolidación.

¿Cuánto valen los apoyos de los socios vitalicios y de los socios que hacen uso de las instalaciones del Monumental? Son votos cualitativos de trascendental importancia. Es otro el pulso que se toma en esos ámbitos, que no tienen el rostro de las tribunas manejadas con la animosidad de la oposición. Entre 50.000 espectadores siempre hay 500 que gritan sin identificarse con un lenguaje casi bélico, cuando es necesario instalar un debate útil, descontaminado de intencionalidad. River no saldrá adelante sin que se instalen las verdaderas cuestiones de fondo, como eje central del debate.

Estamos atravesando un momento complicado y harto difícil, que desata imprevisibilidad y es también impredecible. Un país donde no se pueden acceder libremente a la divisa indispensable para operar en el mercado de pases internacional. Por otro parte, ya no sólo no se juega con público visitante, sino que también deben ser suspendidos partidos, a los que sólo tienen acceso las parcialidades locales. Este es un contexto cargado de irregularidades.

Las propuesta que se escuchan ubican el foco en los puntos flojos de la gestión actual, que lejos de ser perfecta ha tenido una virtud, sortear esta maraña de contratiempos para armar el plantel de mayor jerarquía y valor del futbol argentino, con el surgimiento de valores de inferiores que aumentan su cotización internacional tras cada presentación. Esto no es generación espontánea, sino la apuesta a un proceso que necesita su tiempo de proyección, instalación y consolidación.

Es una interpretación clave, con vistas a las próximas elecciones. Fue un mensaje fuerte para la oposición, que emite el mensaje desde la política. El presidente del  Daniel Passarella ha ubicado a la institución, en el mejor momento de la última década, luego de la incidencia que no corrigió a tiempo, porque realmente no lo tuvo. La reparación de la herencia recibida, tuvo un gestor excluyente, precisamente el propio Passarella. La ingratitud de la política es un precio elevado, que debe pagarse, cuando la confrontación se juega en ese terreno. No es lo mismo hacerlo desde la responsabilidad de la gestión, que hacerlo desde la liviandad de la oposición.

Pero eso en esta sociedad, tan particular, que se ha constituido en el país en estos últimos años, no resulta extraño que exista un rechazo a los oficialismos en cualquier ámbito. River no es la excepción. Hoy el presidente es una víctima de una campaña de desprestigio que no sabe de treguas. No es esa la condición que debe eximirlo de las desaprobaciones, pero deben partir de una sincera autocrítica.

Hay temas de los cuales está prohibido hablar. Hay que rumiar los desencantos que producen muchos hechos ajenos a las decisiones de River. La deuda del Futbol Para Todos, las restricciones en los accesos a los estadios, las medidas para evitar hechos de violencia, y las decisiones que se toman desde el Poder Ejecutivo Nacional, a las cuales se debe allanar la A.F.A. por algo muy sencillo, el gobierno de CFK paga por el servicio de las transmisiones televisivas, de las cuales se sirve para difundir su hueco proselitismo. De esto nadie puede hablar, hacerlo sería una condena, por anticipado, que arrastraría a la institución.

Hay muchas formas de sacar a River de la cancha, de la pelea por el campeonato. Ya lo hicieron contra Gimnasia, contra Colón y frente a San Lorenzo. Arruinaron a River a poco de iniciado el torneo, achicaron su margen de error, evitaron su crecimiento, con la vieja utilización de arbitrajes objetivamente perjudiciales. Los malos arbitrajes, son especialmente malos con claros mensajes de pulgar hacia abajo.

River no es solidario con su conducción, por ignorancia, por desconocimiento y por intencionalidad política. Las consecuencias repercuten en un clima hostil, que impacta sobre la vida del club, especialmente de la denominada franja de los hinchas. ¿Qué buscan? ¿Qué quieren? Hay muchas respuestas para estas preguntas. Pero vayamos a conclusiones básicas. Armar un coro de gritos entre 50.000 personas es muy fácil por la cobertura que dan los anonimatos, es como la gente con cara tapada que corta la rutas, toma predios o produce hechos vandálicos, en poblado o en banda.

Hay una constante usina de malas noticias, que abruman a la parcialidad riverplatense, se ha demonizado la persona de la máxima autoridad de la institución. Forma parten parte de un complejo entramado que envuelve el mundo River. Intereses personales, políticos y económicos que se juegan a través de la vidriera incomparable que ofrece la institución. Y muchas veces (como sería natural) no nacen desde otros clubes, sino de la propia interna de la entidad, de su vida política. Es algo insólito.

A Passarella, no le hace falta ni fama ni poder ni dinero, para el presidente es un acto de servicio, ofrecer su trayectoria, experiencia y conocimientos. Es algo imprescindible tener en cuenta estas condiciones. ¿Qué lo hace a través de una conducción cerrada, híper personal y régimen presidencialista? Y si es cierto, es innegable, pero también es su estilo, y hay que respetarlo sin dejar de objetarlo, tiene que escuchar aunque lo disguste.

Que este manejo molesta a muchos también es cierto, porque hay otra particularidad. Su especial manera de comunicación, que precisamente es no comunicar, lo cual alimenta conjeturas, operaciones en su contra, que liman la gestión más allá de las propias fallas que existen por supuesto, ya que los errores surgen de las decisiones de gobierno.

La continuidad de Passarella, es lo más conveniente para River. Los resultados demuestran que existe una tendencia hacia la optimización del funcionamiento del club en todos sus órdenes. No me caben dudas que el rumbo es el correcto, porque también ha pagado el derecho de piso de ocupar el sitial tan ansiado por muchos aspirantes, que convierten en una obsesión poder ser el presidente de la entidad deportiva más representativa de la República Argentina.

River sufre el efecto de la resistencia a las actuales autoridades. Constantemente jaqueado por medidas que exceden el marco del manejo del club. Es absolutamente evidente que hay un acoso, una necesidad de transformar lo positivo en negativo.

Hoy el socio de River debe analizar y reflexionar debidamente,  cuáles son las alternativas que se ofrecen. Realmente no despiertan otro atractivo que no sea la crítica contumaz, vacía de contenidos, expresiones de deseos, demasiado escaso para la trascedente misión de regir los destinos de la entidad.

Jorge Elías Gómez

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