Opinión

A 36 años de otra “hazaña” de Montoneros: Intentaban copar la Cria. 2da de MdP y asesinaban a otro policía…

No obstante todos los litros de tinta y de saliva que se han consumido para contar mentiras, no alcanzarán nunca para tapar toda la pura verdad que emana de la sangre derramada, sin sentido, de víctimas inocentes, de civiles y de uniformados, cuyos familiares, compañeros y amigos seguimos reclamando justicia.

Este 25 de Mayo se cumplen 36 años de un sangriento y cobarde episodio protagonizado por una de las bandas terroristas que asolaba la patria en aquellos tiempos. El Ejercito Montonero, así se habían autodenominado. Desde APROPOBA, como homenaje al camarada asesinado y como un aporte a la verdad histórica, relataremos aquel acontecimiento lo más ajustado a la realidad que nuestra memoria nos permita. Antes, una breve aclaración:  

En el año 1975 los argentinos vivíamos en democracia. Existía un gobierno legítimamente elegido por el pueblo, aunque por razones motivadas fundamentalmente en pujas ideológicas, gobierno y democracia estaban jaqueados por una violencia irracional de estos grupos de clara orientación marxista, antidemocráticos, dirigidos desde el exterior, que se financiaban con dinero de secuestros extorsivos y asaltos a bancos, cuya meta final no era otra que la instalación por la fuerza de una dictadura marxista castrista.

         La maldita ideología política fundamentalista de un sector, al que nadie votó ni le pidió –por ningún motivo- que se alzaran en armas contra la nación, fue la causante del desastre que nos arrastró a todos bajo una especie de tsunami de bombas, de balas y de sangre. Y los políticos mediocres que abundaban en aquella época –que no eran todos por supuesto- fueron los responsables. Por acción o por omisión no estuvieron a la altura de las circunstancias; no evitaron los nefastos acontecimientos que en esos días se avizoraban inminentes.

La mayoría de la dirigencia en general, rodeados de custodios, estaba cómodamente en la tribuna vip de esa especie de Circo Romano que parecía nuestro país. Se escandalizaban de ver como guerrilleros, militares y policías, todos compatriotas entre sí, nos trenzábamos en la arena en una horrible y dantesca matanza.  

Arengaban a las fuerzas regulares del estado a combatir, “…a salvar la república y a la democracia de estas bandas de traidores terroristas…” decían a los gritos. (Luego esos mismos dirigentes como vulgares tránsfugas y cobardes, se borraron sin pagar la cuenta, hasta hoy. Dejaron al país tirado en la banquina…)  

En este contexto ocurre el sangriento ataque de un grupo montonero integrado por unos diez guerrilleros, decididos a copar la Comisaría 2da. de Mar del Plata, con el claro propósito de rescatar a un grupo de terroristas asesinos que se encontraban detenidos en esa dependencia.

Era un domingo aquel 25 de mayo del año 1975. Desde horas tempranas caía una llovizna constante sobre la ciudad y prácticamente todo el día había estado dominado por la agenda de los festejos patrios. Durante la tarde, los patrulleros del Comando Radioeléctrico (la única fuerza policial de desplazamiento rápido de entonces) estaban en el estadio polideportivo custodiando el desarrollo de un importante campeonato de patinaje sobre ruedas. Solamente había quedado en la base un reten de dos móviles con personal para la seguridad del edificio policial. Eran las 17.00 hs…

“¡…Están atacando a la segunda… están atacando a la segunda…!” se oyó gritar desesperado a un taxista, desde el frente de la ex Unidad Regional y ex Comando Radioeléctrico, en la esquina de Gascón y Entre Ríos…

Con todo lo que tenían en ese momento, seis hombres en dos patrulleros, con los miedos suprimidos por la decisión inquebrantable de hacerles frente a los miserables sicarios y apátridas que hoy llaman “jóvenes idealistas”, partieron raudamente hacia la Seccional Segunda, ubicada a pocas cuadras. Llegaron por las dos esquinas opuestas con la idea de encerrar a los agresores. Pero ya se habían ido…

En la vereda, frente al acceso a la Comisaría, habían dejado su marca de siempre. El cuerpo sin vida del Suboficial Lorenzo ALVAREZ que había estado en el puesto de imaginaria, y otro hogar argentino destruido que se sumaba a la larga lista. Los malnacidos montoneros, como era su estilo, lo fusilaron por la espalda, un tirador ubicado en la vereda de enfrente, entre el público, sin darle posibilidad de defenderse…

Personalmente no conocí a Álvarez, pero aquel día conocí a su madre. Entre mis manos tuve sus manos temblorosas y sus lágrimas corrieron por mi rostro marcándome para siempre, para no olvidarme jamás aquella orgía de sangre y dolor desatada por un grupo de hombres y mujeres fanatizados, psicópatas asesinos, manipulados como títeres desde afuera, que a su vez arrastraron a la muerte a miles de jóvenes. Y que hoy pretenden erigirse en próceres.  

¡Para nuestro camarada Cabo LORENZO ALVAREZ y su familia, nuestro más sentido homenaje!

En la oficina de guardia, tendido en el piso estaba también muerto uno de los infames traidores que había pagado con su vida el atrevimiento de atacar a un dependencia del estado argentino, y la agresión a un servidor público, que en su uniforme lucía orgulloso los distintivos de la patria.

Gracias a la valiente defensa de los escasos tres efectivos de guardia, los asesinos que eran superiores en número y en armamento, pero no en ideales ni en valor, huyeron como ratas -porque solo eran valientes con los desprevenidos y con los indefensos- sin lograr el rescate de los compañeros que estaban presos a disposición de la Justicia de la democracia…

Para estos camaradas anónimos de la Comisaría 2da. –como tantos otros en toda la provincia- que defendieron a sangre y fuego los ideales de libertad y democracia, nuestro homenaje y un profundo agradecimiento. Es gracias a hombres como ellos, a los muertos y a los heridos, que los argentinos no hemos perdido la democracia para siempre, en aquellas contiendas de los ‘70.

La  Seccional fue rápidamente rodeada por los vecinos que se acercaron a solidarizarse con la policía. Vimos a mujeres y hombres llorar por el efectivo caído. Oímos gritos de gente indignada, reclamando represalias cuando se hizo presente el Juez Federal; y también un cerrado aplauso, y abrazos, cuando el público identificó y tomó contacto con los tres uniformados que a puro coraje habían resistido el ataque. La gente tenía bien en claro quienes defendían a la patria y sus instituciones, y quienes pretendían apoderarse de ella para imponer ideologías foráneas…

lcortejo fúnebre del Suboficial Lorenzo ALVAREZ tuvo también la característica de aquellos tiempos; como ocurría cada vez que era asesinado un uniformado por los guerrilleros. A lo largo de casi toda la avda. Independencia, camino al cementerio, todos los comerciantes y trabajadores, de las distintas actividades, hicieron un alto en sus tareas y salieron a la vereda, y con un estremecedor silencio rendían homenaje al policía caído.

Toda la dirigencia política, gremial, empresarial, las instituciones públicas, todas las confesiones religiosas y la prensa en general, repudiaron públicamente el criminal hecho y reclamaban que se ponga término al baño de sangre.

Pasaron 36 años de aquel fatídico día. La frágil memoria de los mayores y la pusilanimidad de un sector importante de la dirigencia en general y en particular de gran parte de la prensa, ha contribuido para que un grupo de desaprensivos, profesionales de la farsa, con la mas absoluta impunidad, tergiversen la verdadera historia argentina de la mentada década de los ’70 y construyan otra historia, una historia trucha, que pareciera haber salido de La Salada, que es la que está consumiendo la juventud desde hace muchos años…

Así es como las verdaderas víctimas de la violencia de los ’70, los familiares de todos los muertos por las bandas guerrilleras, policías, empresarios, gremialistas, militares y civiles; los heridos y todos quienes tuvimos la suerte de sobrevivir de aquella tragedia, hoy somos maltratados, agredidos y discriminados por el gobierno.

Seguro que no existe ninguna calle, ni plaza, ni escuela, ni aula, ni cátedra con el nombre de los verdaderos mártires como el Cabo Lorenzo ALVAREZ, asesinado alevosamente en tan emblemática fecha. Su viuda, que por entonces tenía 28 años, ni el pequeño hijo de 1 año y meses que debió criarse sin padre, gozan de ningún reconocimiento del Estado.   

En cambio el asesino demencial que murió atacando la Comisaría Segunda, y quienes le quitaron la vida al suboficial Lorenzo ALVAREZ, seguramente debe integrar alguna lista como “víctima del terrorismo de estado”, quizás algún día nos enteremos que su nombre pasó a ser ilustre, y la familia sin duda debe estar usufructuando una suculenta indemnización que pagamos entre todos los argentinos; además de habérseles exceptuado de obligaciones impositivas de por vida. 

De todos modos deben saber que la justicia llegará. Por lo pronto quienes integraron aquellas hordas asesinas, por más que hoy estén en sitios de privilegio, nunca podrán mirarnos de frente ni al más modesto de sus compatriotas. Porque los argentinos bien nacidos sabemos la verdad, que la trasmitiremos a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Sabemos que el puesto que ostentan y el dinero del estado que cobran, no les pertenece. Y no lo merecen. Y tarde o temprano sus nombres integrarán la lista que les corresponde: la del deshonor.

Por eso es bueno que recordemos, y que los más jóvenes sepan, que un 25 de Mayo, pero de 1975, cuando el reloj marque exactamente las 17.00 horas, un grupo de guerrilleros asesinos, alzados contra la democracia y el estado de derecho, fusilaron por la espalda al Cabo de la Policía de la Provincia de Buenos Aires LORENZO ALVAREZ, y otros tres valientes camaradas, en inferioridad de condiciones, defendieron a puro coraje aquel ominoso ataque al Estado argentino.  

23 de Mayo de 2011.

Jesús Evaristo Scanavino
Comisario (ra)
Secretario de Organización de Apropoba

No obstante todos los litros de tinta y de saliva que se han consumido para contar mentiras, no alcanzarán nunca para tapar toda la pura verdad que emana de la sangre derramada, sin sentido, de víctimas inocentes, de civiles y de uniformados, cuyos familiares, compañeros y amigos seguimos reclamando justicia.

Este 25 de Mayo se cumplen 36 años de un sangriento y cobarde episodio protagonizado por una de las bandas terroristas que asolaba la patria en aquellos tiempos. El Ejercito Montonero, así se habían autodenominado. Desde APROPOBA, como homenaje al camarada asesinado y como un aporte a la verdad histórica, relataremos aquel acontecimiento lo más ajustado a la realidad que nuestra memoria nos permita. Antes, una breve aclaración:  

En el año 1975 los argentinos vivíamos en democracia. Existía un gobierno legítimamente elegido por el pueblo, aunque por razones motivadas fundamentalmente en pujas ideológicas, gobierno y democracia estaban jaqueados por una violencia irracional de estos grupos de clara orientación marxista, antidemocráticos, dirigidos desde el exterior, que se financiaban con dinero de secuestros extorsivos y asaltos a bancos, cuya meta final no era otra que la instalación por la fuerza de una dictadura marxista castrista.

         La maldita ideología política fundamentalista de un sector, al que nadie votó ni le pidió –por ningún motivo- que se alzaran en armas contra la nación, fue la causante del desastre que nos arrastró a todos bajo una especie de tsunami de bombas, de balas y de sangre. Y los políticos mediocres que abundaban en aquella época –que no eran todos por supuesto- fueron los responsables. Por acción o por omisión no estuvieron a la altura de las circunstancias; no evitaron los nefastos acontecimientos que en esos días se avizoraban inminentes.

La mayoría de la dirigencia en general, rodeados de custodios, estaba cómodamente en la tribuna vip de esa especie de Circo Romano que parecía nuestro país. Se escandalizaban de ver como guerrilleros, militares y policías, todos compatriotas entre sí, nos trenzábamos en la arena en una horrible y dantesca matanza.  

Arengaban a las fuerzas regulares del estado a combatir, “…a salvar la república y a la democracia de estas bandas de traidores terroristas…” decían a los gritos. (Luego esos mismos dirigentes como vulgares tránsfugas y cobardes, se borraron sin pagar la cuenta, hasta hoy. Dejaron al país tirado en la banquina…)  

En este contexto ocurre el sangriento ataque de un grupo montonero integrado por unos diez guerrilleros, decididos a copar la Comisaría 2da. de Mar del Plata, con el claro propósito de rescatar a un grupo de terroristas asesinos que se encontraban detenidos en esa dependencia.

Era un domingo aquel 25 de mayo del año 1975. Desde horas tempranas caía una llovizna constante sobre la ciudad y prácticamente todo el día había estado dominado por la agenda de los festejos patrios. Durante la tarde, los patrulleros del Comando Radioeléctrico (la única fuerza policial de desplazamiento rápido de entonces) estaban en el estadio polideportivo custodiando el desarrollo de un importante campeonato de patinaje sobre ruedas. Solamente había quedado en la base un reten de dos móviles con personal para la seguridad del edificio policial. Eran las 17.00 hs…

“¡…Están atacando a la segunda… están atacando a la segunda…!” se oyó gritar desesperado a un taxista, desde el frente de la ex Unidad Regional y ex Comando Radioeléctrico, en la esquina de Gascón y Entre Ríos…

Con todo lo que tenían en ese momento, seis hombres en dos patrulleros, con los miedos suprimidos por la decisión inquebrantable de hacerles frente a los miserables sicarios y apátridas que hoy llaman “jóvenes idealistas”, partieron raudamente hacia la Seccional Segunda, ubicada a pocas cuadras. Llegaron por las dos esquinas opuestas con la idea de encerrar a los agresores. Pero ya se habían ido…

En la vereda, frente al acceso a la Comisaría, habían dejado su marca de siempre. El cuerpo sin vida del Suboficial Lorenzo ALVAREZ que había estado en el puesto de imaginaria, y otro hogar argentino destruido que se sumaba a la larga lista. Los malnacidos montoneros, como era su estilo, lo fusilaron por la espalda, un tirador ubicado en la vereda de enfrente, entre el público, sin darle posibilidad de defenderse…

Personalmente no conocí a Álvarez, pero aquel día conocí a su madre. Entre mis manos tuve sus manos temblorosas y sus lágrimas corrieron por mi rostro marcándome para siempre, para no olvidarme jamás aquella orgía de sangre y dolor desatada por un grupo de hombres y mujeres fanatizados, psicópatas asesinos, manipulados como títeres desde afuera, que a su vez arrastraron a la muerte a miles de jóvenes. Y que hoy pretenden erigirse en próceres.  

¡Para nuestro camarada Cabo LORENZO ALVAREZ y su familia, nuestro más sentido homenaje!

En la oficina de guardia, tendido en el piso estaba también muerto uno de los infames traidores que había pagado con su vida el atrevimiento de atacar a un dependencia del estado argentino, y la agresión a un servidor público, que en su uniforme lucía orgulloso los distintivos de la patria.

Gracias a la valiente defensa de los escasos tres efectivos de guardia, los asesinos que eran superiores en número y en armamento, pero no en ideales ni en valor, huyeron como ratas -porque solo eran valientes con los desprevenidos y con los indefensos- sin lograr el rescate de los compañeros que estaban presos a disposición de la Justicia de la democracia…

Para estos camaradas anónimos de la Comisaría 2da. –como tantos otros en toda la provincia- que defendieron a sangre y fuego los ideales de libertad y democracia, nuestro homenaje y un profundo agradecimiento. Es gracias a hombres como ellos, a los muertos y a los heridos, que los argentinos no hemos perdido la democracia para siempre, en aquellas contiendas de los ‘70.

La  Seccional fue rápidamente rodeada por los vecinos que se acercaron a solidarizarse con la policía. Vimos a mujeres y hombres llorar por el efectivo caído. Oímos gritos de gente indignada, reclamando represalias cuando se hizo presente el Juez Federal; y también un cerrado aplauso, y abrazos, cuando el público identificó y tomó contacto con los tres uniformados que a puro coraje habían resistido el ataque. La gente tenía bien en claro quienes defendían a la patria y sus instituciones, y quienes pretendían apoderarse de ella para imponer ideologías foráneas…

lcortejo fúnebre del Suboficial Lorenzo ALVAREZ tuvo también la característica de aquellos tiempos; como ocurría cada vez que era asesinado un uniformado por los guerrilleros. A lo largo de casi toda la avda. Independencia, camino al cementerio, todos los comerciantes y trabajadores, de las distintas actividades, hicieron un alto en sus tareas y salieron a la vereda, y con un estremecedor silencio rendían homenaje al policía caído.

Toda la dirigencia política, gremial, empresarial, las instituciones públicas, todas las confesiones religiosas y la prensa en general, repudiaron públicamente el criminal hecho y reclamaban que se ponga término al baño de sangre.

Pasaron 36 años de aquel fatídico día. La frágil memoria de los mayores y la pusilanimidad de un sector importante de la dirigencia en general y en particular de gran parte de la prensa, ha contribuido para que un grupo de desaprensivos, profesionales de la farsa, con la mas absoluta impunidad, tergiversen la verdadera historia argentina de la mentada década de los ’70 y construyan otra historia, una historia trucha, que pareciera haber salido de La Salada, que es la que está consumiendo la juventud desde hace muchos años…

Así es como las verdaderas víctimas de la violencia de los ’70, los familiares de todos los muertos por las bandas guerrilleras, policías, empresarios, gremialistas, militares y civiles; los heridos y todos quienes tuvimos la suerte de sobrevivir de aquella tragedia, hoy somos maltratados, agredidos y discriminados por el gobierno.

Seguro que no existe ninguna calle, ni plaza, ni escuela, ni aula, ni cátedra con el nombre de los verdaderos mártires como el Cabo Lorenzo ALVAREZ, asesinado alevosamente en tan emblemática fecha. Su viuda, que por entonces tenía 28 años, ni el pequeño hijo de 1 año y meses que debió criarse sin padre, gozan de ningún reconocimiento del Estado.   

En cambio el asesino demencial que murió atacando la Comisaría Segunda, y quienes le quitaron la vida al suboficial Lorenzo ALVAREZ, seguramente debe integrar alguna lista como “víctima del terrorismo de estado”, quizás algún día nos enteremos que su nombre pasó a ser ilustre, y la familia sin duda debe estar usufructuando una suculenta indemnización que pagamos entre todos los argentinos; además de habérseles exceptuado de obligaciones impositivas de por vida. 

De todos modos deben saber que la justicia llegará. Por lo pronto quienes integraron aquellas hordas asesinas, por más que hoy estén en sitios de privilegio, nunca podrán mirarnos de frente ni al más modesto de sus compatriotas. Porque los argentinos bien nacidos sabemos la verdad, que la trasmitiremos a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Sabemos que el puesto que ostentan y el dinero del estado que cobran, no les pertenece. Y no lo merecen. Y tarde o temprano sus nombres integrarán la lista que les corresponde: la del deshonor.

Por eso es bueno que recordemos, y que los más jóvenes sepan, que un 25 de Mayo, pero de 1975, cuando el reloj marque exactamente las 17.00 horas, un grupo de guerrilleros asesinos, alzados contra la democracia y el estado de derecho, fusilaron por la espalda al Cabo de la Policía de la Provincia de Buenos Aires LORENZO ALVAREZ, y otros tres valientes camaradas, en inferioridad de condiciones, defendieron a puro coraje aquel ominoso ataque al Estado argentino.  

23 de Mayo de 2011.

Jesús Evaristo Scanavino
Comisario (ra)
Secretario de Organización de Apropoba

Un comentario

  1. Comisario Scanavino, coincido con Ud, yo viví esa época. La culpa es del pueblo argentino, que si el peronismo pone de candidato a Hitler, a Stalin, a Mao, a Mussolini o al mismo Satanás, lo votan sin dudar porque lleva el partido de Perón. Eso pasó en 1973, recordemos el 25 de mayo de ese día cuando los recién asumidos presidente y legisladores peronistas, abren las puertas de las cárceles liberando una horda de asesinos. Ojo, lo que vino después fue una seguidilla de excesos también dirigida desde el exterior, de otro signo pero no menos siniestro. Atte.

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