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A 186 años de los Combates Navales de Los Pozos y Quilmes?

Se han cumplido 186 años de las dos Batallas Navales más heroicas de nuestra historia. Como siempre, peleadas en desventaja, con coraje criollo y valor irlandés, con más determinación en el corazón, que munición en los cañones.

Por: Oscar Filippi

 

“En estas aguas el viento sopla del Sur y son los vientos de un pueblo libre … ¡Que lo sepan aquellos que nos quieren oprimir desde el Norte…!”

Coronel de Marina, Tomás ESPORA (1826)

 

            Pese a los antecedentes remotos de este conflicto heredado como dignos hijos de las Coronas de España y Portugal, por aquellos años y, podemos agregar, hasta nuestros días, la imprevisión política en materia de estrategia, planeamiento y defensa nacional, ha marcado una constante en nuestra historia.

La guerra que el Imperio del Brasil declaró a las Provincias Unidas del Río dela Platael 10 de Diciembre de 1825 y mantuvo durante el trienio 1826-1828, encontró a nuestro país en un total estado de indefensión. Situación que no hubiera ocurrido, si tan sólo los dirigentes políticos de aquella época hubieran leído los libros de historia.

Desde el Siglo XVII en que los portugueses fundaronla Coloniadel Sacramento, en clara demostración expansionista, enfrentaron ala CoronaEspañolaen distintas acciones bélicas de las que ésta salió victoriosa y los lusitanos convirtieron en resonantes triunfos diplomáticos al considerarlos en la letra de los tratados. El conflicto continuó ventilándose en permanentes fricciones durante toda la guerra de independencia y fue que ya constituido el Imperio del Brasil (1822) este ocupó ilegalmente dicha colonia, queriendo así establecer su predominio sobrela BandaOrientaldel Uruguay.

De la simple comparación de los recursos estratégicos, poderío económico, organización político comercial y composición de sus fuerzas militares y navales, el Brasil era muy superior por ser un país consolidado y en marcha.

Contaba con una poderosa flota regular de cerca de ochenta unidades, desde las de más alto bordo a las de tipo menor. Con ella irrumpió en el Río dela Plata, bloqueando a la ciudad de Buenos Aires.

Nuestro país contaba con sólo dos viejos Bergantines (el Belgrano y el Balcarce) un lanchón (la Correntina) que transportaba piedras desde la isla Martín García y doce cañoneras.

El entonces Gobernador de Buenos Aires, General Juan Gregorio de Las Heras, ante la magnitud de la agresión, recurrió al ya glorioso marino, Almirante Guillermo Brown y el 12 de Enero de 1826, lo designó Jefe de la escuadra criolla.

El marino irlandés, que ya se acercaba a los 49 años de vida, volvió a izar su insignia en el bergantín “Balcarce”. Otras grandes figuras de nuestra epopeya libertaria fueron llamadas al servicio, Juan Bautista Azopardo, segundo jefe dela Escuadray comandante del bergantín “Belgrano”, Tomás Espora, Leonardo Rosales, Bartolomé Ceretti, Nicolás Jorge, Antonio Richitelli, Juan Francisco Seguí, Felipe Scaillet, Victorio Francisco Dandreys y Carlos Robinson.

Mientras se gestionaba la compra de tres navíos en Chile, el gobierno urgido por el Almirante Brown, adquiere la fragata “Comercio de Lima” a la que se rebautizará con el nombre de “25 de Mayo”, el bergantín “Armonía” que pasaría a llamarse “Independencia”, dos bergantines, bautizados “República Argentina” y “Congreso Nacional” y tres goletas que fueron bautizadas: “Sarandí”, “Pepa” y “Río dela Plata”.

Estos refuerzos de gran significación llegaron cuando Bernardino Rivadavia asumía por Ley, la primera magistratura del país el 8 de Febrero de 1826.

Batalla Naval de “LOS POZOS”

 

¡Fuego rasante, el Pueblo nos contempla..!!

Orden de Batalla del Almirante Guillermo Brown.

 

            Los cariocas nunca pudieron dominar el Río dela Plata, el bloqueo dispuesto fue violado innumerables veces y nuestro glorioso Almirante, preparando a sus tripulaciones y tratando de desorientar a los brasileños, sostuvo dos combates de suerte dispar y resultados inciertos.

El primero de los grandes encuentros navales llegaría el 11 de Junio de 1826.

Pedro Iº, Emperador del Brasil, ordenó enfáticamente al comandante Norton, nuevo Jefe dela EscuadraImperial: “… – ¡Exijo una acción definitoria! ¡Liquide a la insignificante escuadrilla del Plata (…)!!”.

Ese día, los habitantes de Buenos Aires, desde terrazas y campanarios, desde la costa misma del Río, ven acercarse las velas de 31 navíos enemigos dispuestos en tres divisiones, cuentan con 266 cañones y 2.300 hombres.

Nuestro Almirante zarpa en la “25 de Mayo”, buque Insignia al comando del bravo marino porteño Tomás Espora, los siguen la “Congreso”, los bergantines “República” e “Independencia” y siete cañoneras.

La otra división patriota al mando de otro valiente criollo, Leonardo Rosales, se apresuraba a regresar del puerto de Colonia, donde había dejado refuerzos de infantería.

Sólo diez viejos y frágiles navíos, la desventaja en número y poder de fuego, ya es una vieja conocida de nuestros heroicos marinos y no conduce a razones dignas como para no dar batalla.

El Almirante Brown dispone a sus 10 barcos en semicírculo, el eligió el lugar para el combate, lo conoce de memoria, los brasileños desconfían… el sitio se llama “Los Pozos” y es una cita de honor conla Gloria… La escuadra Imperial con sus tres imponentes líneas, se les viene encima. El bravo Almirante, parado en el puente de la “25 de Mayo” junto a su fiel comandante y camarada Tomás Espora, ordena: “…- ¡Fuego rasante, el pueblo nos contempla…!!

El cañoneo es feroz, la lucha titánica… ambas escuadras quedan envueltas en el humo del disparo de los cañones. Los atónitos testigos, desde la ciudad, sólo pueden ver un enorme nubarrón blanco-grisáceo, furia de tormenta desatada al ras del Río, relámpagos y atronadores ruidos, jirones de velas al viento, maderos, esquirlas y astillas sumbantes, un infierno que   presagia el peor de los resultados.

Cuando el humo que envuelve a la batalla comienza a disiparse, los porteños desde la costa, no dan crédito a sus ojos, lejos de perseguidos nuestros buques se convierten en perseguidores.

Rosales y Jorge que llegaban con su división para dar apoyo, se convierten en el blanco de los imperiales. Nuestro Almirante, ve llegado el momento de atacar a la nave capitana, la “Nictheroy” del Almirante Norton. Para ello trasborda a una cañonera y a remos y a vela, seguido por Espora, Mason, Bathurst y otros oficiales, se lanza decidido al ataque.

La EscuadraImperialcomienza a ceder, cuando el crepúsculo cae sobre Buenos Aires, la victoria se llama Argentina. Una vez más, son los hombres de Brown los que le dan valor a los escasos medios con los que combatieron. La subordinación y el coraje es criollo, el valor es irlandés y con ellos derrotaron al poder y la confianza enemiga.

 

Batalla Naval de “Quilmes”

 

“¡ Es preferible irse a pique, antes que rendir el pabellón !”

Orden de Batalla del Almirante Guillermo Brown.

 

            Al decir del propio contralmirante D. Laurio Destéfani en su libro – Manual de Historia Naval Argentina – “…- donde Brown alcanzó las cumbres más sublimes del heroísmo, fue en el famoso combate de Quilmes del 30 de Julio de1826”.

A las diez y media de la noche del 29, Brown arremete sobre la formación brasileña, el resto de la escuadra se retrasa sin motivo aparente, la “25 de Mayo” sorprende, sola, ¡a bala rasa y cañonazos! e indemne vira para buscar al resto de la flota.

Cuando el Sol comenzaba a despuntar sobre la ribera de Quilmes en ese glorioso día, veintidós (22) naves brasileñas impecablemente formadas, en línea y a sotavento vienen en busca del “viejo” Almirante, la revancha de la batalla de Los Pozos era vivamente buscada por los brasileños.

Brown decide atacar como el Almirante Nelson en Trafalgar, cortaría la línea por retaguardia, atacaría a las naves en forma individual antes que la vanguardia pudiera socorrerlas.

Imparte su hoy famosa orden de Quilmes: “¡Es preferible irse a pique, antes que rendir el pabellón!La EscuadraPatriotainicia el combate.

Nuevamente a bordo de la “25 de Mayo” como siempre al comando de Tomás Espora, inicia la maniobra de ataque sobre el final de la línea de los buques imperiales. Con sorpresa y desagrado comprueba nuevamente, que algunas de nuestras naves se quedan rezagadas, otras por indecisión de sus comandantes, ante la imponente magnitud de la fuerza enemiga, se abren sin causa justificada.

Es así que la valiente nave capitana, la “25 de Mayo”, seguida únicamente por la goletita “Río” del valiente Leonardo Rosales, cortan solas, a puro cañonazo y coraje la línea enemiga.

Durante tres largas horas se baten heroicamente, la “25 de Mayo” con más de treinta rumbos en el casco y con 40 bajas en cubiertas. La “Río” de Rosales se queda sin sacas de pólvora. La tripulación se desnuda, con las mangas de las chaquetas y las piernas de sus pantalones, con pólvora a granel, fabrican más sacas de pólvora, en cueros, con el uniforme que Dios les dio al nacer, firmes y dignos, siguen disparando ¡su único cañón…! Con valiente determinación y el heroico ejemplo de Rosales, su Comandante, se mantienen junto a su bravo Almirante y al valeroso Espora que finalmente cayó malherido.

“…- ¡Aquel muchacho sabe pelear con su gaviota! Exclama Brown, orgulloso por Rosales.

Recién a las nueve de la mañana acudieron en su ayuda ocho cañoneras y otros barcos mayores, Brown se traslada al “República”, arrestó a su Comandante y ante una justificación de éste, le gritó a la cara, la frase que también pasaría a la historia… “- No conozco más valientes que Brown, Espora y Rosales”. Reorganiza inmediatamente la línea patriota y pone en fuga a la escuadra imperial.

Resuelto continúa la lucha desde a bordo del bergantín “República”. Ante el temor de quedar varados por la bajante, la escuadra brasileña se retira y las naves de nuestro Gran Almirante, empavesadas como en días de gala, llegan al puerto de Buenos Aires, Espora, herido gravemente, es atendido de inmediato. La nave insignia, la heroica “25 de Mayo” tuvo que ser remolcada hasta el puerto, el castigo que había recibido no permitían su maniobra y la flotabilidad estaba seriamente amenazada.

A pesar de todo… los vientos habían soplado del Sur y tal como lo afirmara el valiente Tomás Espora, esos vientos fueron de libertad.

 

 

 

 

 

 

 

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