Ciudad

“Aquí recibimos personas, no delitos”

Siempre dicen lo malo de una cárcel, pero lo que nosotros hacemos, los talleres, la enseñanza y demás nunca lo comentan

Cuando la inseguridad es uno de los temas principales que va ganando la calle. Cuando algunas personas se juntan pidiendo que disminuyan los delitos, que obviamente no está mal, y otros gritan: “Que vuelvan los militares con ellos estábamos mejor”, muchos son los actos que pasan inadvertidos o que casi no se conocen. Y este es el caso de la Unidad Penal 44 de Batán, que viene trabajando día a día para lograr que los detenidos, mediante varios métodos de enseñanza, logren reinsertarse en la sociedad que los espera cuando recobren la libertad.

Suele decirse que una cárcel es un lugar sucio, oscuro, con feo olor, muros altos y personas golpeándose a cada rato, pero al menos “La 44” pretende cambiar la historia de este “mito” y torcer una triste realidad: un ex interno nunca conseguirá trabajo en una sociedad altamente discriminadora.

“En este lugar recibimos seres humanos, no delitos”, aseguró el titular del penal, Marcelo Capra. Contó que hace más de 20 años que viene trabajando en las diferentes unidades del Servicio Penitenciario Bonaerense y que en Batán bregan para que la vida de los detenidos sea igual a la de cualquier individuo en libertad.

“Los internos que quieren aprender porque no tienen el colegio hecho van a la escuela dentro de la cárcel, los que estudian carreras terciarias o universitarias se les toma examen como en una Universidad y se los otorga un título con la misma validez que cualquier otro”, explicó el director.

“Intentamos que aprendan un oficio: tenemos talleres de herrería, chapa y pintura, carpintería, marroquinería, peluquería y manualidades, entre otros”, afirmó el abogado. “Nadie sabe que gran parte de  los cintos que se venden en el centro comercial Güemes de la ciudad son elaborados por presos”, añadió.

En medio de la charla, Capra recordó una vieja anécdota muy significativa sobre su afán de torcer la triste realidad: “Un detenido, que ya había salido en libertad, vino un día y me pidió si le podía conseguir un trabajo y yo hablé con algunos amigos y le dieron un puesto en una empresa. Pasó el tiempo y al dueño de esa firma le pregunte por la persona que le había mandado y él me dijo que era el mejor empleado que tenía”.

“Todos dicen lo malo de una cárcel,  pero acá nosotros hacemos asados, encuentros deportivos, misas, y eso nadie lo refleja”, aseveró el titular delPenal.

¿Cuánto le sale un interno mensualmente al Estado?

–         Entre 2000 y 3000 pesos. Ellos tienen sus dietas hechas por nutricionistas, además de poseer cobertura médica. Independientemente de eso, adentro de la Unidad trabajan elaborando manualidades y tenemos convenios con empresas que las compran. Y con eso ellos ganan su propio dinero con el que también

mantienen a su familia y se sienten útiles.

¿Qué habría que hacer para disminuir el delito?

–         Hay que analizar cómo se gastan los recursos: al tener malos hospitales, escuelas y demás crecen los índices de inseguridad y se formamos mal a un ciudadano desde que nace.

Por Gerardo Fernández

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